Alrededor de 5,4 millones de personas han muerto en el Congo durante los 10 años de guerra

Me pasó hace unos días, nada más llegar al campo de desplazados de Kibati, en la República Democrática del Congo. Estaba sentada con un teléfono pegado a mi oído, hablando con la BBC. Debía estar bastante fuera de lugar porque empecé a atraer la atención de la gente. En primer lugar, de unos cuantos niños, luego de las mujeres y a continuación – ¡uf¡-, una multitud de más de 40 personas se encontraba en círculo a mi alrededor sonriendo.

 

 

 
Cientos de desplazados haciendo cola en el campo de Kibati

 

 

 

No recuerdo cuál fue exactamente la pregunta de la BBC o qué les respondí, pero sé que de alguna manera motivé sus risitas, que continuaron entre la multitud y yo cuando terminé de hablar. En un punto estoy de acuerdo con la gente de Kibati: ¡debo ser una visita muy rara!.

 

Es un poco extraño estar haciendo entrevistas con los medios de comunicación en medio de un campo. Si se supone que estoy ayudando, reuniendo y aprendiendo de estas personas, ¿realmente debo contestar las llamadas externas? ¿No es un poco grosero? Después de una charla con mi jefe, he puesto freno a mi sensibilidad inglesa. Yo sólo necesitaba hacer saber a la gente cómo es la vida en el campo. Y, seguramente, difundir ese mensaje es lo mejor que puedo hacer.

 

Alrededor de 5,4 millones de personas han muerto en el Congo durante los 10 años de la guerra -el equivalente a toda la población de Dinamarca-. Durante demasiado tiempo, este conflicto se ha cocido a fuego lento y ha pasado inadvertido. Me alegra que ahora el mundo le esté prestando atención, pero hubiera deseado que lo hubiese hecho antes.

 

Las 7.000 personas en el campamento de Kibati tienen hambre y necesitan urgentemente mejoras en el abastecimiento de agua y saneamiento. Los baños están sucios y no hay drenaje, algo realmente necesario en la tierra volcánica impermeable de Goma. Sin él los charcos de agua estancada se acumularán y pondrán a las personas en situación de riesgo de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera y la disentería.

 

Los charcos son también un foco de procreación para los mosquitos portadores de la malaria. Esta es la razón por la que Oxfam Internacional está empezando a trabajar en este campo. Nuestro objetivo es mejorar el sistema de saneamiento.

 

El campamento de Kibati se encuentra en la frontera con Ruanda. Si la violencia en Congo aumenta de nuevo de manera repentina, estas personas tendrán que recoger sus pertenencias, llevarse a sus hijos y huir. Demasiado cerca del territorio rebelde y rodeados por la intimidante presencia de soldados del gobierno, no es de extrañar que mucha gente me dijera que su abrumadora necesidad era la seguridad.

 

Ellos están hartos de vivir bajo tiendas hechas de hojas de bananera y lona , de esconderse en los bosques cada vez que los combates aprietan. Quieren regresar a sus hogares. No es seguro lo que encontrarán allí, pero están desesperados por retomar una vida normal, una vida estable. Prefieren cultivar los campos a estar pendientes de recibir las galletas energéticas del Programa Mundial de Alimentos.

 

Por esta razón duplicaremos nuestra respuesta de emergencia para llegar a más de 200.000 personas y ayudar a su supervivencia inmediata. Tenemos que encontrar un fin sostenible a la violencia que ha asolado Congo durante tanto tiempo. Tal vez no sea una tarea fácil, pero le debemos al pueblo del campo de Kibati seguir intentándolo.

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