Ante la crisis energética ¿Qué es la energía? (II)

E artículo anterior terminaba con algunas preguntas: ¿Se acaban los combustibles fósiles? ¿Hay alternativas para ese caso o para dejar de contaminar? Y bastantes más.

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Pero para hablar de energía quizás haga falta ver qué es eso exactamente y qué supone para nosotros en nuestras vidas cotidianas. La definiré pues hoy, antes de tratar de responder a la sarta de preguntas en próximas entregas.

La energía es todo. Ya está, definida. Aunque puede ampliarse.

Verán. Una sociedad (un país, una región, una ciudad, tanto da) puede subsistir habiendo agotado todas las fuentes naturales de agua. Puede hacerlo mientras disponga de energía para desalar agua, por ejemplo, o para importarla.

Una sociedad puede también agotar el suelo fértil necesario para la supervivencia de sus integrantes y no sufrir las consecuencias, siempre que tenga energía suficiente como para plantar con sistemas de hidroponía (sin tierra, con las raíces sobre fibras o sumergidas en líquidos) y mantener el bombeo, la luz artificial, el aporte de minerales… o siempre que tenga suficiente energía como para producir servicios con los que obtener dinero para importar la comida, como es el caso de Menorca (nuestra isla difícilmente alimentaría a varias decenas de miles de personas, aun arrasando con los bosques, aunque no conozco estudios que cuantifiquen esto en detalle).

Una sociedad puede agotar también todos sus minerales y no colapsar, mientras tenga una gran cantidad de energía disponible para poder importarlos.

Y así con todo. Teniendo energía se obtiene prácticamente de todo: los fertilizantes, insecticidas y maquinaria que permitieron producir suficientes alimentos como para que la población mundial se multiplicara varias veces en los últimos 100 años, textiles y fibras que no requieren agricultura, materiales de construcción artificiales, sistemas de transporte terrestre, naval y aéreo masivos, pinturas, plásticos, medicamentos y tecnologías médicas avanzadas, telecomunicaciones…

Por ejemplo, 8 de cada 10 calorías de los alimentos que tomamos, provienen de energía (petróleo, gas natural, carbón, electricidad…) añadida al proceso agrícola natural y a la cadena de distribución (los alimentos de que disfrutamos han recorrido muchos de ellos miles de kilómetros). Es decir, en el caso hipotético e improbable (no imposible, pero eso lo dejo para más adelante) de que desaparecieran de repente muchas de esas fuentes energéticas de las que nos beneficiamos hoy día, no podríamos producir más que una mínima parte de los alimentos que producimos ahora.

¿Y plantar agrocombustibles? Eso también tendré que dejarlo para otra ocasión, ese pan tiene su miga. Valga pensar que cuando Rudolf Diesel presentó en París, en la Exposición Universal de 1900, su revolucionario motor, éste funcionaba con aceite vegetal, por ejemplo de cacahuete, palma o coco (el gasóleo es posterior a su invento); y que hasta los años 20 los automóviles que salían de la fábrica de Henry Ford se alimentaban con alcohol vegetal (al principio la gasolina se usaba como tratamiento contra los piojos, quitamanchas…) Luego se llenó todo tanto de coches, barcos, aviones y maquinaria, que tuvieron que acudir a los destilados de petróleo y abandonar los agrocarburantes. Véase que en 1920 había mil veces menos los motores que hay hoy.

Empecemos por el principio. Los primeros habitantes de Menorca (de los que se tiene constancia, vamos) vivían de la energía solar. La energía solar hacía crecer la flora que alimentaba la fauna y ambos, plantas y animales, satisficieron las necesidades energéticas de los habitantes de la Menorca prehistórica, y aun después, durante miles de años.

Más tarde los menorquines supieron aprovechar mediante molinos uno de los efectos del Sol sobre la Tierra: los vientos, que se crean en la atmósfera por acción de su calor. En otros lugares donde abundaban ríos también supo el ser humano aprovechar la energía latente en sus corrientes (ése es otro efecto, el del ciclo del agua, que también debemos agradecer a la energía que nos remite el Sol).

Hace menos de 200 años, la Revolución Industrial introdujo en Menorca y en el resto del mundo las nuevas fuentes energéticas. Primero fue el carbón y al cabo de pocas décadas fueron los hidrocarburos (el petróleo y el gas natural).

En realidad, tanto el carbón como los hidrocarburos son fósiles, es decir, fueron materia viva en su día. En ese aspecto son biocombustibles (de ahí que a los del campo les llamo agrocombustibles, aparte de que ya empieza a dar rabia lo del «bio», ¡ya tuvieron que prohibirlo en los alimentos!) Aunque dado que la materia viva, como hemos visto, no es más que energía solar, podemos concluir que los combustibles fósiles son de hecho energía solar. Es la energía solar que se almacenó una vez (durante millones de años se fue almacenando) y que sólo podremos consumir una vez, a diferencia de la energía solar que cae todos los días sobre nuestras cabezas. Es un regalo que la Naturaleza nos ha ofrecido una vez y que no volverá a ofrecernos.

En fin, es importante ver que hoy día vivimos en una civilización que tiene el aspecto que tiene gracias a (o culpa de, elija usted mismo) las nuevas fuentes energéticas de que se dispuso en los dos últimos siglos, incluida la energía de fisión nuclear (aunque esta última nunca habría sido posible en una sociedad que no estuviera utilizando ya anteriormente otras fuentes masivas de energía como los fósiles y sin éstos es hasta posible que tampoco pudiera mantenerse en el futuro, otro tema que quizás abarque más adelante). Si nuestros abuelos apenas tenían para comer y para nosotros la alimentación es apenas una pequeña parte de nuestras rentas, es en gran parte gracias al enorme y continuo suministro energético.

Véase un dato abrumador: la cantidad de energía que consumen en sus vuelos los viajeros que llegan cada día al aeropuerto de El Cairo, equivale a la fabricación de una pirámide como la de Gizhe, la mayor de las pirámides. ¡Cada día una pirámide completa! La diferencia de disponibilidad energética entre los habitantes de aquellos tiempos y los de hoy es así de grande. De ahí la diferencia entre nuestra civilización y por ejemplo aquella.

Se argumenta a veces que también influyen la tecnología disponible hoy y nuestros conocimientos actuales, pero olvidando siempre que los conocimientos que disponemos ahora y los nuevos que vamos encontrándonos a diario, solamente son posibles en este entorno de altísima disponibilidad energética que apoya a una tecnología refinadísima. Otros argumentan la importancia de los avances en justicia social como determinante a la hora de haber llegado al punto en que estamos, pero aunque así fuera, de nuevo tenemos que sin la alta disponibilidad energética tampoco habría habido los logros actuales en coberturas sociales, como educación al nivel actual, medicina, suministro de agua y alimentos…

Así de importante es la energía.

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