Antonio Machado hubiera preferido Gijón a Soria como destino docente

Gerardo Diego, que fue profesor en Soria y en la ciudad asturiana, lo cuenta en una conversación que sirve de base a la biografía del poeta santanderino.

El pintor asturiano Florentino Soria y Antonio Machado, en Baeza

El pintor asturiano Florentino Soria y Antonio Machado, en Baeza

 

Una foto colgada en las redes, en la que aparecen el pintor asturiano Florentino Soria (1884-1951) y el poeta Antonio Machado, cuando ambos formaban parte del claustro de instituto de Baeza, me ha llevado a indagar en la biografía de un tercer profesor y poeta, Gerardo Diego, que compartió claustro a su vez con Soria cuando ambos impartieron clases en el instituto Jovellanos de Gijón por los años veinte.

 

A finales de los sesenta del pasado siglo, el poeta Gerardo Diego visitó el instituto gijonés. A quienes ya leíamos a Antonio Machado y estudiábamos en ese centro nos hizo mucha ilusión esa visita porque, antes que en nuestra ciudad, Diego había estado en Soria, la ciudad machadiana por excelencia en la que don Antonio fue profesor de Francés y se casó con Leonor. No recuerdo que le preguntáramos por esa circunstancia, habida cuenta el excesivo respeto que como adolescentes nos merecía el académico, pero sí que algunos nos quedamos con las ganas de preguntarle por don Antonio y también por alguna de las raras metáforas de los poemas de Diego en Manual de Espumas.

 

Lo que desconocíamos entonces era que si Gerardo Diego llegó a dar clases en nuestro histórico instituto, igualmente lo hubiera podido hacer Antonio Machado algunos años antes, concretamente en 1907, pues los dos poetas compartieron una similar perspectiva cuando hicieron oposiciones a sus respectivas cátedras, con Gijón y Soria como destinos. Tanto Gerardo Diego como don Antonio obtuvieron el número dos, por lo que ambos debieron residir en la pequeña ciudad castellana al no ser los primeros. Mientras Diego sí pudo trasladarse luego a la ciudad asturiana, Machado debió de quedar prendado y prendido de Leonor para no moverse de Soria hasta después del fallecimiento de su joven esposa.

 

El periodista Marino Gómez Santos, que mantuvo con el poeta cántabro una larga conversación en 1967, publicó hace algunos años el correspondiente libro -auspiciado por la Fundación Gerardo Diego-, que incorpora esa charla. Gómez Santos fue amigo del poeta, a quien conoció en la tertulia del pintor Nicolás Piñole en Gijón y al que siguió tratando en el Café Gijón de Madrid. El libro es un resumen muy minucioso de la vida y obra de quien también fue un magnífico pianista, propiciado por el afable tratamiento que Diego dispensaba a sus entrevistadores, entre los que tuve la oportunidad y el placer de contarme con una prolongada interviú en su domicilio de la calle Covarrubias.

 

Gerardo Diego ganó en 1920 la cátedra de Literatura en el instituto General y Técnico de Soria, que hoy lleva el nombre de Antonio Machado, y sólo permaneció en ese centro un curso, pues en mayo de 1992 pasó a ocupar la del instituto gijonés. Cuenta Gómez Santos, según le participó su entrevistado, que en Soria vivió en una pensión llamada “Casa de las Isidras”, en la calle Collado nº 46, según rememora una placa, que tuvo una participación muy activa en la vida cultural de la ciudad -colaborando en algunas publicaciones- y que hasta se echó una novia soriana de ojos verdes.

 

Una de las revelaciones que Gerardo Diego le hizo a Gómez Santos en aquella larga conversación la contó el poeta santanderino así: «Machado hizo oposiciones a Gijón y a Soria en 1907, no para impartir Literatura [como Diego], sino Francés. Le dieron el número dos y Antonio Machado me dijo: “Yo me tuve que ir a Soria, porque yo hubiera querido ir a Gijón”. Ésta es una de las cosas que yo he contado algunas veces, pero que no se ha escrito nunca, porque no he querido disgustar a los de Soria contándoles esta frase de Antonio Machado».

 

Extraña esa preferencia norteña en don Antonio cuando algunos años después, tras pasar por Soria, Baeza, Segovia y afincarse finalmente en Madrid, parecería que su inclinación era la de aproximarse a la capital de España, pero no hay razón para dudar de la palabra de Diego, sobre todo desconociendo las razones que entonces podrían mover al poeta andaluz. Lo cierto es que, de haber residido en Gijón, posiblemente el autor de Campos de Soria hubiera escrito otros poemas relacionados con el mar y la montaña, sin que asomara a su vida tampoco aquella jovencísima esposa llamada Leonor, tempranamente fallecida. Es de tener en cuenta que a su complementario Juan de Mairena lo hizo morir don Antonio en Casariego de Tapia, topónimo invertido de Tapia de Casariego, la marinera localidad asturiana.

A pesar de tan similares circunstancias, que pudieron hacer de Soria y Gijón dos ciudades unidas a sus vidas respectivas, las de Gerardo Diego y Antonio Machado siguieron cursos muy distintos. En una generación, la del 27 -a la que Diego perteneció-, fue únicamente él quien defendió desde el primer día el golpe militar del 18 de julio de 1936 y exaltó en sus versos episodios como la defensa del alcázar de Toledo, la del coronel Aranda en Oviedo y también a los brigadistas de la División Azul. A don Antonio como a otros de sus compañeros les tocó el exilio, y en el caso de García Lorca un bárbaro y cruel asesinato.

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