Cientos de italianos se reúnen este sábado en Roma para pedir apostatar masivamente

La Unión de Ateos y Agnósticos Racionalistas italianos (UAAR) organiza mañana sábado en Roma una jornada, a la que ya han adherido unas 500 personas, para apostatar masivamente, y ser así borrados de los registros de ciudadanos bautizados de la Iglesia católica

 

 

 UAAR

 

Durante ‘la Jornada del Desbautizo’, como ha sido denominada la iniciativa, todos los participantes enviarán una carta a sus parroquias en las que piden «la cancelación a efectos civiles del bautismo y el reconocimiento, establecido por la Agencia de protección de datos, de no ser considerados por el Estado como súbditos de la Iglesia católica».

 

La UAAR eligió el 25 de octubre con ocasión del 50 aniversario de la polémica sentencia que absolvió al obispo de Prato (centro de Italia) de haber denigrado públicamente a dos ciudadanos por el mero hecho de haberse casado por lo civil.

 

El fallo del tribunal determinó que «la pareja estaba bautizada y por tanto era «súbdita» de su obispo, ha denunciado el secretario de UAAR, Raffaele Carcano, que presentó la jornada.

 

Durante el acto contarán su experiencia algunos de los primeros apóstatas italianos, como la bióloga Chiara Lalli y la periodista Francesca Fornario, que presentará su decálogo: «Diez óptimas razones para renegar del bautismo».

 

La UAAR también facilita en su página de Internet el módulo para que los ciudadanos pidan a su párroco ser borrados de los registros bautismales.

 

Las asociaciones de agnósticos y ateos recuerdan que la Iglesia Católica prevé el llamado «actus formalis defectionis ab Ecclesia» (un acto formal de defección de la Iglesia).

 

En un documento publicado en 2006 por el entonces presidente del Pontificio Consejo para los textos legislativos, el cardenal español Julián Herranz se explicaba cómo hacer para que el «actus formalis» fuese convalidado.

 

En primer lugar, expresar la decisión interior de abandonar la Iglesia católica, describir la actuación y manifestación exterior de esta decisión y cerciorarse de la recepción por parte de la autoridad eclesiástica competente de esa decisión.

 

«Un acto formal de defección tal no tiene sólo carácter jurídico-administrativo (abandonar la Iglesia en el sentido relativo a su registro con las correspondientes consecuencias civiles), sino que se configura como una verdadera separación con respecto a los elementos constitutivos de la vida de la Iglesia: supone por tanto un acto de apostasía, de herejía o de cisma», añadía el purpurado.

 

 

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