EEUU: obstáculos ante la crisis mundial

Bush continua reivindicando las invasiones de Iraq y Afganistán y arremetiendo contra Irán y Siria en su discurso en la 63 Asamblea General de la ONU

Editorial

Ayer, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, aprovechó su última intervención como gobernante durante la jornada inaugural de la 63 Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para realizar una enésima defensa de su cruzada internacional contra el terrorismo: ante el pleno del organismo multinacional, Bush aseguró que sería “un error” considerar que la amenaza que representa dicho fenómeno se ha reducido, reivindicó las invasiones militares a Irak y Afganistán, llamó a reconocer “la mejoría de la situación” en ambos países, y arremetió contra los gobiernos de Irán y Siria, a los que calificó como patrocinadores del terrorismo internacional.

Tal discurso, idéntico en esencia al que el presidente estadunidense ha venido pronunciando durante los años recientes, resulta particularmente insostenible en la circunstancia actual: hoy día, el mundo no es más seguro ni está más a salvo del terrorismo que antes de 2001; por el contrario, tras las invasiones a Irak y Afganistán ese fenómeno se ha multiplicado, se han registrado decenas de miles de muertes de civiles inocentes y han proliferado alarmantemente las violaciones a los derechos humanos como consecuencia de la política belicista de Washington; por añadidura, los desastrosos saldos de esa guerra han puesto en evidencia una colosal debacle de Estados Unidos en los terrenos militar, político, diplomático y moral.

Por lo demás, es sumamente inoportuno y aberrante que el aún presidente de Estados Unidos haya centrado su alocución en el terrorismo cuando el contexto internacional se ve afectado por una severa crisis económica mundial –originada, cabe recordarlo, en Estados Unidos– que dificulta las perspectivas de combate a la pobreza, el hambre y la desigualdad en el orbe, como lo señaló el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon: “la crisis financiera pone en peligro todo nuestro trabajo, la financiación del desarrollo, el gasto social en las naciones pobres, el Plan de Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Significativamente, la sesión de ayer estuvo marcada por duras críticas hacia el modelo económico que Washington ha abrazado e intentado imponer en todo el mundo. Destacan al respecto los pronunciamientos realizados por los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. El primero, tras llamar la atención por el hecho de que Bush no haya dedicado su discurso a hablar sobre la crisis económica, “lo más importante en este momento”, afirmó que “sólo la acción decisiva de los gobiernos (…) podrá controlar el desorden que se ha dispersado a través del sector financiero mundial, con impactos perversos sobre las vidas cotidianas de millones de personas”; en tanto, Fernández criticó el fracaso del recetario de políticas económicas neoliberales promovidas desde la Casa Blanca, al destacar que “la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria (proviene) precisamente desde el lugar donde nos habían dicho que el Estado no era necesario”, en alusión al multimillonario plan de rescate bancario elaborado por la administración Bush.

En el momento actual, es urgente que la comunidad internacional y en particular las grandes potencias devuelvan la atención a sus problemas cruciales. Sin embargo, el empecinamiento de la administración Bush por asumir el papel de gendarme internacional, y la vocación histórica de agresión y belicismo estadunidense, constituyen los lastres principales para que las autoridades de ese país contribuyan a la consolidación de un mundo más justo, seguro y humano.

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