El director del Colegio Jovellanos lamenta que «se haya puesto precio a mi cabeza»

Las familias del centro sustituyen la pitada en el Parchís por la custodia de sus hijos en el recreo

 

LNE

El director del Colegio Jovellanos, Mario Suárez, contestó ayer a las declaraciones de la Alcaldía en las que se atribuyó al docente una «falta de respeto institucional y personal» a la regidora gijonesa por las manifestaciones de Suárez en las que se le atribuye mucha responsabilidad en la falta de una solución al espacio para el recreo de los alumnos. Suárez negó ayer que hubiera cometido esas faltas que, sin embargo, dice haber sentido como presidente de la comunidad educativa. «Yo sí he sido faltado al respeto que institucional y protocolariamente, al no ser invitado a una reunión en la que parece ser que decidieron asuntos que el director y no otra persona debe gestionar, como es el lugar del recreo de un colegio público». Para el docente, la carta remitida por la Alcaldesa al consejero de Educación es un sinónimo de que «se ha puesto precio a mi cabeza» sólo por «ejercer mi derecho a la libertad de expresión». Mario Suárez, sostiene que el problema del nuevo Colegio Jovellanos no se puede tratar de reducir a un enfrentamiento entre el director y la Alcaldesa, sino que es «de mucho más calado y desde hace cuatro años que dirijo el centro se han puesto todas las bases para acabar con unos males que se conocían desde hace treinta años».

En todo caso, el director mantiene su «disposición a dialogar» para proponer en nombre del claustro y del consejo escolar «las soluciones que han sido democráticamente acordadas».

Por su parte, desde la asociación de madres y padres (AMPA) del centro se lamentó ayer que la Alcaldesa recuerde que también su hijo, hace 25 años, jugaba en la calle por la falta de un patio en el Colegio Jovellanos, y se recuerda que «viaje al futuro y resuelva nuestro problema de hoy». Además, la AMPA acordó sustituir la pitada de protesta que viene haciendo en El Parchís, por una custodia de sus hijos, a la hora del recreo, para que puedan salir a jugar a la calle.

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