El presidente de Georgia, Saakashvili, que ya había destituido al comandante del Ejército a comienzos de noviembre, destituye a los ministros de Exteriores y Defensa

El presidente de Georgia, Saakashvili, que ya había destituido al comandante del Ejército a comienzos de noviembre, destituye a los ministros de Exteriores y Defensa, en un desesperado moviemiento por salvar su presidencia, pespues de la locura de atacar Osetia del Sur y causar más de 2000 muertos

 

 

 

 

La ministra de Exteriores georgiana, Eka Tkeshlashvili, y su colega en la cartera de Defensa, David Keserashvili, fueron destituidos este viernes, por el primer ministro, Grigol Mgaloblishvili, según informó la agencia Itar-Tass.

 

Según anunció la portavoz gubernamental Leyla Avidzba, el nuevo jefe de la diplomacia será el actual ministro de Cultura, Grigol Washadse, que ya ocupó el cargo de viceministro de Exteriores.

 

Como sucesor del ministro saliente de Defensa se perfila Batu Kutelia, hasta ahora ‘número dos’ del ministro destituido.

 

La crisis política en Georgia se ha agravado en las últimas semanas tras el conflicto con Rusia, al atacar  Georgia a Osetia del Sur. El presidente, Mijaíl Saakashvili, ya había destituido al comandante del Ejército a comienzos de noviembre.

 

Fracasos diplomáticos

 

Georgia ha intentado, sin éxito, que la comunidad internacional fuerce a Rusia a retirarse por completo de las regiones separatistas. Hasta ahora ha contado con el apoyo del gobierno de EEUU, que ha criticado la política militarista de Rusia, pero no logró una resolución firme por parte de Naciones Unidas.

 

La Unión Europea (bajo la presidencia de turno de Francia), aunque arbitró un acuerdo de cese el fuego que validaba de facto la presencia de tropas rusas en las dos regiones separatistas, negocia la revisión de su acuerdo estratégico con Rusia.

 

En septiembre, Georgia acudía a la Corte Internacional de Justicia, máxima instancia judicial de la ONU, en busca de amparo, tras acusar a Rusia de haber aplicado una política sistemática de discriminación racial contra la población georgiana en ambas regiones, en colaboración con las fuerzas separatistas y mercenarios. Su petición de medidas cautelares fue desestimada.

 

De nada le ha servido a Mijaíl Saakashvili sus advertencias, expresadas en un foro de la OTAN, de que «toda Europa» podría llegar a sufrir «más georgias», y de que debía articularse una respuesta más contundente ante «la violación más flagrante y condenable del Derecho Internacional desde la Segunda Guerra Mundial».

 

La asociación atlantista, a la que Georgia ha solicitado su ingreso insistentemente, respondió recientemente con un jarro de agua fría a sus pretensiones al anunciar la reanudación «condicional y graduada» del diálogo con Rusia.

 

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