El programa económico de Obama

Las medidas eficaces para salir de la crisis son las políticas sociales y redistributivas, no rebajas fiscales, sino incrementos a las clases altas para orientar esos recursos a la población más necesitada.

Público

 

Es lógico que Rodríguez Zapatero salude con entusiasmo la llegada de Barack Obama al Gobierno, aunque sea tan sólo porque representa la salida de George Bush. Zapatero se siente cercano al 44º presidente de los Estados Unidos. Ante la insistencia de los periodistas, ha calificado de socialdemócrata el programa económico de Obama. No sé si yo iría tan lejos, y ni siquiera sé si es posible –después de 30 años de involución en el pensamiento económico y de destruir, al menos parcialmente, los mecanismos necesarios– aplicar una política socialdemócrata que pueda recibir seriamente tal nombre, al menos a corto plazo.

Es cierto que las referencias a la economía que Obama ha hecho a lo largo de toda la campaña electoral se alejan largamente del pensamiento neocon de Bush, pero ese discurso en estos momentos puede ser perfectamente asumido por políticos conservadores como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel. Ante la hecatombe de la crisis económica en la que estamos inmersos, todos reniegan del neoliberalismo económico y resucitan el
keynesianismo, reconociendo la necesidad de la intervención estatal y la regulación de los mercados. Pero ni toda intervención estatal es socialdemocracia, ni todo incremento del déficit público se adecua a una política keynesiana.

Una parte de los 825.000 millones de dólares que propone Obama para reactivar la economía va en la buena dirección, pero otra parte importante se dirige a conceder beneficios empresariales y a reducir el impuesto sobre la renta. Estas medidas difícilmente se pueden considerar keynesianas, y no parecen las más adecuadas para reactivar la economía. Por muchas ayudas que reciban, las empresas no van a invertir, y tampoco van a crear empleo si piensan que no van a vender sus productos o sus servicios. Así, los recursos que obtengan se encaminarán a incrementar los resultados o a pagar deudas.
Keynes, que se enfrentó a una crisis, la del 29, con bastantes similitudes a la actual, fue consciente de que las crisis, lejos de autocorregirse, pueden autoalimentarse, y las sociedades establecerse permanentemente en la depresión. Cuando la iniciativa privada no funciona y el crédito no llega a los ciudadanos, se precisa de la acción estatal (cebar la bomba) para incentivar la demanda. Pero tales acciones deberán realizarse de la forma más directa posible, de manera que el riesgo de que el efecto multiplicador se pierda o debilite sea mínimo.

Los recursos deben ser selectivos, orientados a la inversión pública o a favorecer a aquella parte de la población más necesitada, que es también la que tiene mayor propensión al consumo o, lo que es lo mismo, menor capacidad de ahorro.
Keynes escribió en su Teoría general que los argumentos dados conducían a que el crecimiento económico, lejos de depender del ahorro de los ricos, como normalmente se supone, tiene en él un impedimento y que, de este modo, quedaba eliminada la principal justificación de la desigualdad social. Obama y el resto de los mandatarios internacionales deberían tener muy en cuenta estas palabras. Las medidas más eficaces para salir de la crisis son las políticas sociales y redistributivas. En contra de lo que está propugnando el Partido Popular, no son rebajas fiscales lo que se necesita, sino incrementos impositivos a las clases altas para orientar esos recursos a la parte de la población más necesitada.

Juan Francisco Martín Seco es Economista

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