La batalla de Tineo, por Luis Arias Argüelles-Meres

Asturbulla

Dieciocho días se han cumplido desde que siete mineros se encerrasen en el Ayuntamiento de Tineo. Se imaginan un encierro en el Ayuntamiento de Gijón, por ejemplo, de los trabajadores del Naval Gijón o de los prejubilados de mina La Camocha que no cobran lo pactado. Cuanto segundos tardaría la alcaldesa PAZ en desenterrar el hacha de guerra, telefonear a Trevín y mandar los antidisturbios a sangre y fuego, con el silencio y el beneplácito del socio de gobierno IU.

 

 

Los mineros, encerrados en el Ayuntamiento de Tineo

 

 

 

La batalla de Tineo

 

«Las empresas mineras buscan en los pueblos peor comunicados la explotación rápida..»

 

Hay un concejo en Asturias que fue cuna de ilustres personajes históricos como el general Riego y don José Maldonado. Hay un concejo en Asturias cuyas explotaciones ganaderas resistieron y algunas siguen resistiendo, a pesar de las políticas conducentes a convertir el campo en residencia para la tercera edad. Hay un concejo en Asturias que, a pesar de las malas comunicaciones y del abandono legendario que sufre dentro del conjunto del occidente asturiano, aún se muestra vivo cuando toca reivindicar el mantenimiento de unidades escolares y, también, cuando muchos, empezando por su Alcalde, ven en peligro el futuro de algo que forma parte de sus raigambres, como es el caso del monte de Armayán, donde el conocido empresario Victorino Alonso plantea un proyecto de una mina a cielo abierto, con el consiguiente destrozo forestal.

Sigo con atención cuanto se publica y se dice en torno a este asunto. Y lo primero que siento es admiración hacia un Alcalde que, arriesgándose a ser impopular, considera, creo que acertadamente, que la mejor apuesta por un futuro sostenible es conservar parte importante de aquello que nos legaron con su esfuerzo, sin bucolismos palaciovaldesanos, nuestros antepasados. Así, la riqueza paisajística y maderera del monte de Armayán. Tampoco deja de conmoverme que haya habido tinetenses que se dirigieron a mí, sin ir más lejos en el blog que tengo en la edición digital de este periódico, pidiéndome que me pronunciara al respecto en un artículo. Y, en el mismo orden personal, nunca olvidaré mis 5 años de docencia en el Instituto de Tineo, que entonces se llamaba Rafael del Riego, donde tuve alumnos y alumnas de los que guardo un gratísimo recuerdo.

Dicen que la opinión está dividida; que el comité de empresa de Uminsa se ha manifestado pidiendo que se lleve a cabo el proyecto del señor Alonso. Se entiende perfectamente que se luche por el puesto de trabajo; esperar lo contrario sería absurdo. Y es obvio que no se les puede pedir análisis serenos a personas que tienen implicada su alternativa laboral en ello. Los trabajadores afectados merecen toda la compresión y respeto en este asunto por parte de todos.

Dicho esto, tampoco sería justo que se nos exigiese a todos que no fuésemos más allá en nuestro análisis de la situación. La Asturias minera y la Asturias agrícola saben muy bien lo que es hipotecar el futuro de una comarca y de unas explotaciones a cambio de una jubilación más o menos segura. ¿Es razonable que las cosas continúen siendo de este modo? ¿Es deseable que sigamos hipotecando el futuro? ¿Se está pensando en el porvenir de los jóvenes, o, antes bien, la perspectiva es una jubilación cercana?

Nadie debe engañarse creyendo que el proyecto del señor Alonso signifique la garantía de unos puestos de trabajo duraderos. No es Hunosa la empresa de este ciudadano. Cabría preguntarse si el plan de don Victorino, de llevarse a afecto, acarrearía subvenciones del sagrado dinero público. De ser, como cabe esperar, positiva la respuesta, habría que incorporar al debate esas cifras y preguntarse en qué podrían ser empleadas en pro del futuro del concejo tinetense sin que ello implicase daños medioambientales irreversibles. Sin ir más lejos, en el desarrollo de la explotación maderera en Tineo.

Occidente de Asturias que tiene ahora mismo en Tineo algo más que un referente de lo que nos viene aconteciendo. Proyectos empresariales con mensajes salvadores, casi mesiánicos, que, en el fondo y en la forma, son fundamentalmente los compradores de las joyas de la abuela a aquellos que viven su ruina y que malvenden los restos de las cenizas de viejos esplendores y resplandores. Occidente de Asturias, codiciado para canteras, que sufre la proliferación abusiva de parques eólicos y que corre el peligro de ver desvirtuado su paisaje en el momento en que se despuebla. Y todo ello con un discurso donde el progreso se pone demagógicamente como bandera.

Minería asturiana, ya reconvertida en su mayor parte, con sus hitos y sus mitos. Empresas mineras que buscan en los concejos peor comunicados y más despoblados la explotación rápida para dejar tras de sí ese conocido paisaje después de la batalla de ruina medioambiental.

Aquí no hay la épica novelada por Zola en «Germinal». Aquí lo que hay es la memoria, la historia reciente. Por ejemplo, la de aquellos mineros que hicieron una marcha hasta Oviedo desde Cangas del Narcea que trabajaban para don Victorino.

Aquí, como me dijo un lector, lo que hay es la parodia de una conocida obra de Ibsen, donde lo heroico no está del lado del personaje que se erige en ello.

Y, por último, sepa don Marcelino que somos muchos los que pensamos que está actuando a la altura de las circunstancias. Un responsable político no debe ser el sepulturero de la tierra que administra desde su cargo público. Un responsable político sabe que está obligado a administrar la herencia recibida por todos aquellos que vivieron sus trabajos y sus días en esa misma tierra en la que le toca decidir ahora.

Celsa Díaz acaba de publicar un excelente artículo ocupándose de este asunto. Y a mí me llegan los ecos de Zola, no sólo de su epopeya épica sobre la minería que tiene por título «Germinal», sino también de otra novela suya, «La Tierra», madre y madrastra, de quienes la habitaban y la trabajaban.

La tierra, el suelo, el subsuelo y las bajas montañas de Asturias a las que sus pueblos se agarran como los hijos que se sienten protegidos bajo las faldas de sus madres.

Faldas maternas y faldas de montañas astures. ¿No son acaso la misma cosa?

  Luis Arias Argüelles-Meres

 

 

 

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