La investidura de Rajoy no es un buen final

– Se avecinan tiempos presupuestarios tormentosos. Y el barómetro serán los recortes en los servicios públicos y las partidas sociales

– En buena lógica, cabe preguntarse si el PSOE se opondrá de verdad a los recortes que nos amenazan a la mayoría. En teoría, podría. ¿Lo hará?

– El panorama que se avecina es duro para demasiada gente. Habrá que afrontarlo; no hay otra. Podríamos empezar por construir país

Habemus papam (‘¡Tenemos papa!’) anuncia feliz en secular latín un cardenal en la plaza de San Pedro del Vaticano cuando el Cónclave elige un nuevo Papa. 

Tal vez alguien del Partido Popular, Ciudadanos o quizás del mismo PSOE debiera haber proclamado de modo semejante: ¡Tenemos gobierno! tras un verano de vodevil. Porque el Comité Federal del PSOE aprobó que sus diputados se abstuvieran en la segunda votación de investidura de Rajoy. Para que don Mariano sea presidente de gobierno del Reino de España.

La razón esgrimida por voceros del aparato del PSOE para justificar tal abstención (que de hecho es un sí por el resultado final) es que unas terceras elecciones serían un fracaso de la democracia. Y que eran demasiados días con gobierno en funciones. Olvidan que un país de nuestro entorno, Bélgica, estuvo más de 530 días con un gobierno en funciones. Y no pasó nada peor que lo que les pudiera pasar después con gobierno electo. No es cuestión de días.

Visto desde otro ángulo, de Guindos, ministro de economía en funciones, apenas días antes advirtió (y quien avisa no es traidor) que la tarea central del nuevo gobierno será elaborar “un presupuesto real”. Con un eje intocable: reducir el déficit como exige la Unión Europea. Un presupuesto que indique tanto para intereses de la deuda, tanto para Defensa y artilugios bélicos, tanto para ayudas a eléctricas, tanto para sobrecostes, tanto para obras publicas prescindibles (las autopistas radiales de Madrid), menos para sanidad, no mucho para educación, apenas para dependencia, tanto para desempleo aunque cada año menos

En última instancia, parecería que partidos y gobiernos no defienden intereses sociales concretos de clases o grupos concretos, a menudo contrarios. Como si todos buscaran lo mismo y este reino fuera el país de las maravillas

Sin embargo, lo más preocupante de esos presupuestos generales del Estado es que la Unión Europea exige que en las cuentas para 2017 y 2018 se recorten 26.000 millones de euros entre ambos. Mucho dinero. O, dicho de otro modo, menos servicios y actuaciones públicas que garanticen que la gente común ejerza sus derechos humanos económicos y sociales. Sin olvidar, como es sabido y documentado, que los escenarios de recortes y precariedades laborales provocan descenso de demanda y la economía de este Reino no puede levantar cabeza ni yendo a Lourdes.

Entonces, al no tener mayoría absoluta, ¿el Partido Popular no entrará a saco en los presupuestos con las tijeras para reducir el déficit? ¿Habrá menos recortes sociales que en el pasado inmediato? Más bien no. Un PSOE que entrega el gobierno del Reino graciosamente a la derecha, aduciendo no sé qué de responsabilidad de Estado, ¿se opondrá contundente a los recortes sociales que el PP quiera perpetrar? ¿O echará mano a la manida argucia de que ahora hay que ser responsables, hemos de cumplir con Europa y similares consejas? Porque ese chascarrillo lo tenemos muy oído y ya no hace ni pizca de gracia, cuando tanta gente lo pasa mal.

Cómo si no crecieran precariedad, inseguridad social, desigualdad y pobreza. Como si la economía no fuera de pena sin vislumbrar el cacareado final del túnel! Y no es licencia literaria, porque retrocedemos como cangrejos. Como botón de muestra, entre los asalariados ya hay un 15% de trabajadores con empleo que cobran un sueldo tan reducido que no les permite llegar a fin de mes con dignidad, con otras dificultades y trastornos. Como pasar frío en invierno, por ejemplo, por no poder pagar la calefacción.

Son los trabajadores pobres, nueva categoría social que documentan alto y claro Caritas y los comedores solidarios al doblar (o más) sus servicios para proporcionar alimentos a mucha gente y que coman todos los días.

Tiempos tormentosos

Se avecinan tiempos presupuestarios tormentosos. Y el barómetro serán los recortes en los servicios públicos y las partidas sociales que aseguran el ejercicio de los derechos de la gente. Recortes para reducir 26.000 millones de euros en dos años. Muchísimo dinero. Por eso, en buena lógica, cabe preguntarse si el PSOE se opondrá de verdad a los recortes que nos amenazan a la mayoría. En teoría, podría, porque el PP no tiene mayoría absoluta. Pero ¿lo hará?  ¿Se opondrá con fuerza después de que su ‘aparato’ haya echado de facto a Pedro Sánchez e ignorado contumaz la petición de decenas de miles de afiliados de votar No a Rajoy?

En última instancia, parecería que partidos y gobiernos no defienden intereses sociales concretos de clases o grupos concretos, a menudo contrarios. Como si todos buscaran lo mismo y este reino fuera el país de las maravillas. Sin olvidar también que algunos representantes políticos (tal vez demasiados) defienden más sus privilegios que los legítimos intereses de sus representados, el pueblo trabajador. Intereses que se resumen en poder llevar una vida digna sin incertidumbres o las mínimas posibles. 

El panorama que se avecina es duro para demasiada gente. Habrá que afrontarlo; no hay otra. Aunque acaso también podríamos empezar a pensar en construir otro país, algo mejor, diferente, más justo. Con paciencia. Y desde abajo.

 

Foto. Los diputados del PP aplauden a Rajoy tras su discurso de investidura. EP

Xavier Caño, Miembro de ATTAC

http://www.bez.es/400239555/Investidura-Rajoy-no-es-buen-final.html

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