Los silenciados

No hubo inmigrantes en «Tengo una pregunta para usted» de Zapatero, aunque representan el 10% de la población y de los trabajadores, el 20% en los nacimientos y más de 700.000 escolarizados Público

No hubo inmigrantes en el segundo Tengo una pregunta para usted protagonizado por el presidente Zapatero. Estuvieron muy presentes en el primer programa, pero desaparecieron en este último pese a crecer en cantidad y arraigo. Lo cierto es que están viviendo aquí, han avivado la demografía y sufren más el desempleo. ¿A qué puede deberse esta ausencia y qué consecuencias tiene su olvido para la calidad de la vida democrática?
En marzo de 2007, los inmigrantes le hicieron tres preguntas a Zapatero. La primera sobre la naturalización, otra acerca de las posibilidades de regularización y la tercera fue para pedir protección frente a la violencia de género. En otras palabras, lo que demandaron fue poder votar, vivir en la legalidad y no ser considerados sólo mano de obra. Las tres cuestiones se resumían en un: ¡Me arraigo, Sr. presidente! ¿Me apoyará usted en el empeño?
En una encuesta de septiembre del mismo año, el 68% de los entrevistados consideraba excesivo el número de inmigrantes y creía que representaban el 24% de los habitantes. Esta “percepción de anegamiento” aparecía muy repartida atravesando clases, partidos, ideologías y generaciones pero en mi opinión no identifica con precisión la xenofobia. Las llamo “preguntas niebla”, porque despistan a la hora de construir una estrategia de información de la opinión pública y difuminan cuáles son los núcleos del rechazo contra grupos específicos de inmigrantes.
Debemos ser conscientes de que hay inmigrantes que ya forman parte de la estructura del país. En los medios de comunicación han de aparecer como habitantes y no sólo como pasajeros de cayucos o cotizantes efímeros. Actuar en la crisis sobre los flujos de entrada o salida y sobre la irregularidad laboral, no implica la ausencia en la televisión de la voz de los inmigrantes que están aquí y quieren quedarse. Daré unos datos que revelan su decisión de echar raíces.
Representan el 10% de los habitantes (un punto arriba o abajo según el registro administrativo elegido) y otro tanto si nos referimos a su proporción entre la clase trabajadora. Su peso se acrece en los nacimientos (20%) y en las nupcias (17%) y hay más de 700 mil menores extranjeros escolarizados. Otro indicador de asentamiento es la nacionalización de más de 300.000 “extranjeros” en lo que va de siglo.
Supongo que habría diez extranjeros entre los cien asistentes al debate, pero sólo hubo una interviniente de “apariencia foránea”. La invisibilidad de los inmigrantes denota miedo electoral, incomprensión del patrón migratorio y dudas sobre la política a seguir. Pretender que de-
saparezcan del debate público es dar manotazos al aire, porque su “imagen excedente” se agiganta en la crisis y su radicación también. Además, los inmigrantes y las mudanzas legislativas han forjado un sistema combinado de familias instaladas y de circulación laboral. El modelo migratorio de trabajador temporal ha caducado.
Estamos agobiados por el desempleo y podemos perder la perspectiva de la integración hacia dentro. Dos pilares del futuro en común son la educación de los menores inmigrantes y la articulación democrática de la diversidad cultural. Los “silenciados” tienen preguntas para el presidente.

Antonio Izquierdo es Catedrático de Sociología

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