No es lo mismo, no es igual

El poder real, el poder económico pasa por la posesión y el control de los grupos financieros y de los grandes medios de comunicación, etc., manos de la clase capitalista, el 1% más rico.

 

Como señala Toussaint: Cuando una coalición electoral o un partido de izquierdas llega al gobierno, “no se obtiene el poder real, ya que el poder económico -que pasa por la posesión y el control de los grupos financieros e industriales, de los grandes medios de comunicación privados, del gran comercio, etc.- permanecen manos de la clase capitalista, el 1% más rico. Esta clase capitalista controla el Estado, el poder judicial, los ministerios de Economía y Finanzas, los bancos centrales, las grandes instancias de decisión…” (p. 18.> (MICHAEL ROBERT, EN CAPITULACIÓN SOBRE ADULTOS).

Efectivamente no es lo mismo ganar unas elecciones y gobernar que tener el poder. Esto es algo que debiéramos tener claro, porque si no será muy  difícil romper ese yugo.

Pero hay muchas más historias en la lucha de clases que pueden parecer lo mismo y no lo son. En este caso me atendré solamente a la reducción de la jornada laboral.

A menudo nos encontramos con noticias respecto a que algunas empresas del ramo de la informática, han reducido la jornada laboral y les va bien. Que otras están haciendo pruebas al respecto, con la finalidad de ver si les interesa.

Y que en algunos ayuntamientos o administraciones públicas, de tal o cual país, ya probaron y la experiencia es que, los trabajadores están menos agobiados, tienen menos bajas laborables, mejoraron su productividad y su conciliación familiar, tienen más tiempo de ocio, etc. Pero les pareció inviable porque  encarecen los gastos salariales, debido al empleo de más personal.

Son experiencias limitadas, pero pueden llevarnos a pensar que, por ahí, se nos abre una vía hacia la reducción general de la jornada laboral. Creo que La clase trabajadora conseguirá esa reducción arrancándola con sus uñas, o no lo conseguirá.

Por otro lado, pienso que no es lo mismo las concesiones, siempre condicionadas, que las conquistas. “El que regala bien vende, si el que recibe lo entiende”, dice el refrán. La concesión en Francia de la jornada de 35 horas en vía parlamentaria, después de 22 años se quedó en poco más que una reliquia. Es una experiencia.

La clase trabajadora sigue padeciendo la crisis económica del 2008 y sus consecuencias. El coronavirus, que el sistema capitalista fue incapaz de abordar, no es el causante de aquella, como mucha gente dice, pero si la agudiza, la hace aún más insoportable.

Ante el incremento generalizado del desempleo, nuevamente se vuelve a los subsidios para los trabajadores afectados por el mismo y por bonificaciones-regalos a los empresarios, con el “fin” de paliar sus  nefastos efectos, olvidándose de que no se trata de aliviar los efectos del desempleo, sino de eliminar el desempleo. Una vez más el capitalismo opta por tener parados, subsidiados o no, (eso contribuye a la reducción de salarios y empeora nuestras relaciones  laborales) que  trabajadores en activo, trabajando y luchando, promoviendo  unidad  y  solidaridad de la clase. Es otra forma más de dividirnos.

Pero solo con la reducción significativa de la jornada laboral conseguiremos bajar las escandalosas cifras de paro que tenemos y que todo el mundo dice que subirán exponencialmente.

 Entre los defensores de la reducción de la jornada laboral, hay quien pone el acento en alguna de las cosas que mejorarían, como el estrés, el ocio y el tiempo libre, el cambio climático, el desempleo, etc.

Creo que debiéramos poner en primer lugar al desempleo. Éste está en  la base de todos esos problemas y más. Si lo reducimos considerablemente todo mejorará: A) Aumentará la oferta de empleo. La patronal tendrá escasez de trabajadores y ya no podrá abusar de ellos como lo está haciendo. Esto quiere decir que los salarios subirán y bajarán los contratos basura y la generalidad de la precariedad laboral; B) Influirá poderosamente en todos los demás aspectos señalados en anterior párrafo (estés, ocio y tiempo libre, cambio climático, etc.); C) La clase trabajadora estará en mejores condiciones de poder luchar también por la mejora de la desigualdad social, de la sanidad pública y de calidad, de las residencias de mayores y sus cuidados, al igual que por la mejora de enseñanza, así como contra el ansia del capitalista en privatizarlas o desmantelarlas.

La clase trabajadora debe ponerse en píe, hacer patente su unidad, combatividad y  solidaridad y no encuentro otra reivindicación con tanta experiencia histórica, tan importante, universal y necesaria como la reducción de la jornada laboral.

Reducir la jornada laboral, tanto como sea necesario para terminar con el paro (pongamos 25 horas semanales), es un objetivo insoslayable e inaplazable para la clase trabajadora.

La clase trabajadora conseguirá esa reducción arrancándola con sus uñas, o no lo conseguirá.

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