Poner fin a la recesión pandémica, ¿regresar a Keynes?

En una economía con fines de lucro, son los beneficios y la rentabilidad los que impulsan la inversión y, cuando la rentabilidad cae, el resultado es desempleo, pérdida de ingresos y de la demanda de los consumidores

 

Michael Roberts, economista marxista británico

El último informe de la UNCTAD(Agencia de la ONU para ayudar a los «países en desarrollo»)es una lectura obligada . No solo está repleto de datos y estadísticas sobre tendencias y desarrollos en la producción, el comercio y las inversiones globales, sino que adopta una posición muy radical sobre cómo sacar a la economía mundial de lo que el FMI ha llamado “la depresión por el cierre”.

De modo elocuente la UNCTAD explica: “La economía mundial está experimentando una profunda recesión en medio de una pandemia aún no está controlada. Ahora es el momento de elaborar un plan para la recuperación mundial, un programa  que pueda devolver de manera creíble a los países más vulnerables a una posición más sólida que antes de la pandemia. La tarea es urgente, porque en estos momentos la historia se esta repitiendo, esta vez con una inquietante mezcla de tragedia y farsa ”.

Los economistas de la UNCTAD detallan la profundidad y el alcance de la recesión pandémica. Calculan que el PIB real de la economía mundial se contraerá en aproximadamente un 4,3%  en el 2020, lo que reducirá la actividad económica en más de 6 billones de dólares en el año 2020: “en resumen, el mundo está lidiando con el equivalente a la destrucción completa de tres economías como la  brasileña, la india y la mexicana. En la medida que la actividad nacional de los países se contrae, también lo hace la economía internacional; este año el comercio se reducirá en alrededor de una quinta parte, los flujos de inversión extranjera directa hasta en un 40 por ciento y las remesas se reducirán en más de $ 100 mil millones ”.

El “Gran Cierre” ha llevado a la economía mundial a una recesión en una escala que no se había visto desde la década de 1930. Como resultado, al menos 100 millones de puestos de trabajo habrán desaparecido por completo y más de 500 millones de puestos de trabajo estarán amenazados para fin de año. En el “mundo en desarrollo” entre 90 millones y 120 millones de personas se verán empujadas a la extrema pobreza. El hambre y la desnutrición crecerá mientras que la brecha de los ingresos se ampliará en todas partes. Todo esto apunta hacia un repunte masivo de las enfermedades y las muertes de la población .

La urgente necesidad de aumentar el gasto en salud junto con la disminución de los ingresos fiscales, combinado con un colapso en los ingresos de exportación y los pagos pendientes de la deuda, provocará una grieta de financiamiento de $ 2 a 3 billones “y existe un peligro muy serio que el déficit arrastre a los países a otra década perdida y que por tanto se ponga fin a la esperanza de hacer realidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”.

Los economistas de la UNCTAD explican algo que sostuve en marzo pasado: la economía mundial ya se encaminaba hacia una recesión antes de que golpeara la pandemia.

A fines de 2019 la economía mundial había entrado en aguas peligrosas. El crecimiento se desaceleró en todas las regiones y varias economías se contraen en el último trimestre. En las economías capitalistas avanzadas y en comparación con el 2,4% de 2001-2007 la tasa de crecimiento promedio entre 2010-2019 fluctuó alrededor de un promedio anual del 2%. El crecimiento también disminuyó para los países en desarrollo del 7,9% (en 2010) al 3,5% en 2019. El promedio anual de sólo el 5,0% en comparación con el 6,9% entre 2001 y 2007 (excluida China que ha seguido creciendo).

La UNCTAD considera que no es probable una recuperación en forma de V este año. Incluso, si se produjera una recuperación en forma de V para el 2021 (con un crecimiento anual por encima del 5%) la economía mundial conservaría un déficit de ingresos de 12 billones de dólares y una enorme deuda, especialmente en el sector público.

Para la UNCTAD el futuro inmediato es preocupante : “Nuestra evaluación sugiere que el rebote económico se demorara en llegar hasta el próximo año y habrá que asumir que fuertes vientos en contra debilitaran el ritmo de la recuperación mundial. En el mejor de los casos, se combatirá por superar el 4%».

¿Qué políticas económicas deberían adoptarse para poner fin a la»depresión producto del cierre»? ¿Como evitar o reducir el impacto en los medios de vida de miles de millones?

La política que adoptemos  dependerá del análisis que hagamos de las causas de la depresión.

Bueno el análisis  de las causas de la depresión estoy en desacuerdo con los economistas de la UNCTAD. Ellos consideran que la causa de la desaceleración y la década perdida (desde que se inició con la Gran Recesión en 2009) se debe principalmente a una «falta de demanda mundial». Esta “falta de demanda” se debería a tres factores: salarios demasiado bajos; desplazamiento de la inversión capitalista a la especulación financiera en detrimento de la  inversión productiva; y políticas de austeridad fiscal para reducir el gasto público.

La UNCTAD tiene una «visión» keynesiana para explicar la década perdida. Y su solución es volver a aplicar las políticas de Keynes para gestionar mejor el capitalismo. Para sus economistas las caídas comienzan con la “caída de la demanda”, es decir, del gasto en inversión y del consumo de los hogares. Este proceso habría conducido a una caída en las ventas, la producción y la inversión, «desde la Gran Depresión, el principio clave de la macroeconomía ha sido que la demanda efectiva (ventas esperadas de bienes y servicios finales) determina los ingresos y el empleo».

Ese puede ser el principio clave de la macroeconomía, pero como he argumentado, en otros artículos, esta secuencia no es correcta y en realidad la cosas ocurren exactamente al revés. En una economía capitalista con fines de lucro, son los beneficios y la rentabilidad los que impulsan la inversión y, cuando la rentabilidad cae, la inversión en los medios de producción y en el trabajo se contraen. Entonces, el resultado es desempleo, pérdida de ingresos y de la demanda de los consumidores.

De hecho, en ocasiones, incluso el propio Keynes reconoció que la rentabilidad (a la que llamó «eficiencia marginal del capital») era un factor importante de las recesiones: “el desempleo, debo repetirlo, existe porque los empleadores se han visto privados de ganancias. La pérdida de beneficios puede deberse a todo tipo de causas. Pero, salvo pasar al comunismo, no hay forma posible de curar el desempleo, excepto restituyendo a los empresarios un margen de ganancia adecuada «.

Si la eficiencia marginal del capital cae por debajo del costo del interés de los  préstamos de capital, entonces los capitalistas perderían su «espíritu animal» y dejarían de invertir y, en cambio, acumularían dinero. Aunque es muy claro, este aspecto de la teoría keynesiana es habitualmente ignorado por los keynesianos modernos (también Keynes se olvidó más de una vez lo que escribió).

En todo el extenso informe de la UNCTAD no se mencionan ni una vez los beneficios ni la rentabilidad. En cambio, se nos pide que aceptemos la idea que las depresiones son causadas por el  bajo consumo y por la baja inversión causada por la especulación financiera.

En en los últimos 40 años, según la UNCTAD, la participación de las ganancias en las principales economías ha aumentado a expensas de los salarios y, por lo tanto, la crisis en la producción capitalista es ‘impulsada por los salarios’, no ‘impulsada por las ganancias’, “en la última década, la participación en las ganancias ha aumentado en todos los países del G20, excepto en tres. Sin embargo si el retroceso salarial anterior al Covid-19 se mantiene, la participación del trabajo continuará su declive, agravando las desigualdades. En los Estados Unidos, después de un largo descenso, la participación del trabajo este en el nivel de los años cincuenta del siglo pasado y, si continúa la tendencias actual, llegaremos al borde del abismo que vivimos en 1930 «.

También afirma, «el mundo abandonó el imperativo de gestión de la demanda con un giro hacia las políticas neoliberales y con un enfoque exclusivo destinado a impulsar el crecimiento desde el lado de la oferta «.

Pero, lamentablemente  la UNCTAD no ofrece una explicación del por qué las políticas gubernamentales cambiaron en la década de 1970 hacia las políticas neoliberales. ¿Si todo iba a las mil maravillas en la ‘edad de oro’ de la década de 1960 para el capitalismo ¿por qué cambiar?

Según la UNCTAD » el papel activo del gobierno en la reconstrucción económica pasó de moda en las últimas décadas bajo la influencia de la mentalidad económica neoliberal».

Así que las políticas keynesianas de gestión del capitalismo «pasaron de moda » debido a que se impuso una ideología neoliberal. Esta es la explicación que también hace Thomas Piketty en su nuevo libro, Capital e Ideología, donde sostiene que fue un cambio ideológico lo que cambió las políticas económicas.

Esta explicación idealista ignora la principal condición económica objetiva del capitalismo en la década de 1970: la bien documentada crisis de rentabilidad. En la década de 1970, las tasas de ganancia del capital en todas las principales economías se desplomaron, lo que provocó una grave caída en 1980-19822. Esto obligó a los gobiernos a abandonar la «gestión de la demanda» keynesiana.

Keynes no había logrado salvar el capitalismo y los gobiernos recurrieron a políticas ‘neoliberales’ basadas en aplastar el poder sindical, diezmar la industria manufacturera en las economías capitalistas avanzadas y llevar capital y capacidad productiva a las áreas de mano de obra barata del sur global (y Europa oriental después de caída de la Unión Soviética).

Sí, las ‘reglas del juego’ se cambiaron. Se pasó de la “gestión de la demanda” a  “mercados libres, recortes de impuestos a las grandes corporaciones  y a la globalización’.  Todo esto ocurrió en base a una situación objetiva, no en una maldad ideológica.

La UNCTAD puede pensar que volver a la gestión de la demanda keynesiana resolverá la creciente desigualdad, el calentamiento global y los bajos salarios e inversiones, pero si la rentabilidad del capital se mantiene baja, tales políticas (en el improbable caso de que se implementen) no funcionarán.

Los economistas de la UNCTAD señalan que el crecimiento de la productividad se ha desacelerado significativamente en los últimos 20 años. En los EEUU, la productividad creció un 17 por ciento en la década 1999-2009, pero sólo un 12,5 por ciento en la última década. El impresionante crecimiento de la productividad de China del 162 por ciento en la primera década del 2.000 se redujo al 99 por ciento en la última década.

La evidencia es clara: aquellos países con bajos niveles de crecimiento de inversión productiva tuvieron bajos niveles de crecimiento de su productividad, y los bajos niveles de la inversión fueron impulsados ​​por bajos niveles de rentabilidad, no por “demanda”.

Es cierto que el crecimiento de la inversión productiva se ha desacelerado mientras que la inversión en activos financieros ha aumentado, impulsada por el crédito barato (lo que ha provocado un aumento de la deuda). Pero de nuevo las pregunta son: ¿Por qué los capitalistas invirtieron en actividades productivas -en los años sesenta y principios de los setenta- pero ahora prefieren comprar activos financieros? ¿Por qué “las políticas se han desplazado hacia un paradigma diferente de globalización liderada por las finanzas” ? ¿No deberíamos considerar que el motor de esto es la baja rentabilidad de la inversión productiva?

La UNCTAD nos dice “mientras el crecimiento dependa del crédito y el Estado sea apartado de las acciones para controlar las finanzas y garantizar el pleno empleo, la inestabilidad financiera y las crisis se convertirán en características de las economías capitalistas”.

La implicación aquí es que si el estado controla las finanzas, podría lograr el pleno empleo y poner fin a las crisis. Pero seguramente“ con la preservación de las ganancias como el eje del modelo, los asalariados o el sector público soportan el costo de las crisis, y la presión a la baja sobre los salarios suprime la demanda agregada en el ciclo subsiguiente. «

De hecho, la ‘preservación de las ganancias’ es el problema porque el lucro es la fuerza impulsora de la producción capitalista. Por tanto, cuando la UNCTAD afirma que es necesario centrarse «en la distribución funcional del ingreso», es decir, en una distribución justa de la participación en los salarios y las ganancias, está ignorando que en el modo de producción capitalista, el lucro es el que genera esa distribución desigual.

Sus economistas quiere que acabemos con : “el comportamiento de búsqueda de rentas,  la concentración del mercado(monopolios), los términos de intercambio desiguales (imperialismo) y la división internacional del trabajo (imperialismo)”. Pero ¿cómo se puede hacer sin tomar el control y la propiedad de las empresas multinacionales e instituciones financieras que engendran estas desigualdades y flujos imperialistas de valor?

El informe de la UNCTAD explica “los mercados, si se dejan solos, no pueden proporcionar de manera eficiente a la sociedad los bienes colectivos necesarios y las condiciones para un crecimiento y desarrollo sostenibles y equitativos, independientemente del punto de partida. Entonces se necesita una combinación de políticas fiscales activas y políticas más estructurales para llenar el vacío, políticas que miren más allá de la estabilización temporal y contribuyan a la reconstrucción económica «. Esto implica que las cosas funcionarían de manera eficiente si los mercados fueran interferidos y «administrados».

Las ‘políticas estructurales’ de la UNCTAD se reducen a una mayor regulación de los monopolios y los bancos, no a apoderarse de ellos, “para reducir la monopolización del mercado y la búsqueda de rentas corporativas, es necesario restaurar gran parte de la estructura reguladora desmantelada durante las últimas cuatro décadas. Además, las leyes antimonopolio y antimonopolio deben actualizarse”. Y… “necesitamos una nueva regulación de las finanzas. Esto incluye abordar a los bancos privados gigantes a través de la supervisión y regulación internacional; abordar el mercado crítico y altamente concentrado de la calificación crediticia; y la acogedora relación entre las agencias de calificación y las instituciones bancarias en la sombra».

Cualquiera que haya leído mi análisis sobre la eficacia de la regulación de los monopolios y los bancos concluirá que esta política de regulación no funcionará.

Tomemos por ejemplo el cambio climático. La UNCTAD presenta una amplia gama de medidas «verdes» para frenar y controlar el calentamiento global. Pero no hay un llamado a la propiedad pública de las industrias de combustibles fósiles y a su eliminación.

Quizás eso es demasiado para esperar de una agencia internacional financiada por las grandes potencias de la ONU. La UNCTAD quiere promover una alternativa radical al neoliberalismo – que considera que ha puesto al capitalismo de rodillas en la pandemia-  pero sólo aboga por un retorno a la gestión de la demanda del capitalismo al estilo keynesiano. La verdad sea dicha : no está ofreciendo un “plan para la recuperación global, una planificación que puede devolver de manera creíble a los países más vulnerables a una posición más sólida que antes ”.

Poner fin a la recesión pandémica, ¿regresar a Keynes?

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