Por qué no ganaremos en Afganistán

“La inteligencia se ha centrado en investigar a los insurgentes talibán, en lugar de conocer las características del país.” -Michael Flynn, teniente general del Ejercito de EEUU-

 

El agente doble es un clásico de la literatura y el cine de espías. Un juego de máscaras y espejos donde nunca estás seguro de si es un patriota o un traidor, y cuando se descubre ya es demasiado tarde. En esas ficciones, y en los casos reales conocidos, los agentes dobles se juegan la vida y causan daños al enemigo. Pero nunca en la medida del que hace una semana se llevó por delante a siete agentes de la CIA en Afganistán. 

Por si alguno no leyó la noticia, la resumo: un jordano, reclutado por la inteligencia estadounidense en colaboración con el servicio secreto jordano, actúa durante un año como informante de alto nivel, infiltrado en Al Qaeda con la misión de localizar a uno de los líderes máximos. Una mañana el tipo llega a la base de la CIA en Afganistán. Dice que trae una información muy valiosa, y pide que estén presentes más agentes de los habituales, incluida la directora de la base. Cuando ya están todos, el tipo hace estallar la carga explosiva que lleva bajo la ropa. 

Ningún alto mando va a decirlo en público, porque el derrotismo se castiga en tiempo de guerra, pero todos lo habrán pensado tras ese atentado: nunca ganaremos. Ya ha pasado otras veces con miembros de la policía o el ejército afganos, leales hasta que un día se llevan por delante a media compañía. ¿Qué será lo próximo? ¿Que Karzai se destape como hombre bomba en una entrevista con Obama? 

Solemos señalar la desproporción de medios de los contendientes en esta guerra. Pero tal vez es al revés: son Estados Unidos y sus aliados quienes están en inferioridad, pues ningún misil de última generación ni avión sin tripulante es comparable a la bomba más inteligente: la humana.

Público.es

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