Protestas griegas, la punta del iceberg

Al borde del colapso: el sistema está agotado

 

Las protestas por la muerte del adolescente griego Alexander Grigoropoulos aparecen hoy como la punta del iceberg de la frustración de la sociedad helénica, desencantada de su clase política y exhausta por la corrupción gubernamental. El caso de Grigoropoulos, baleado por un agente en un barrio ateniense el pasado día 6, apenas desencadenó el sentimiento de oposición acumulado de los helénicos, en especial, de los jóvenes. El desempleo aquí entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad es uno de los más altos de la Unión Europea (UE), en tanto los trabajos para esas personas son mal remunerados y conocidos como empleos basura. Además, los estudiantes de la enseñanza superior viven en un clima de tensión con el gobierno del primer ministro Costas Karamanlis, ante su propósito de autorizar la privatización de las universidades, una veintena de ellas clausurada tras estallar las protestas.

Con independencia del carácter violento que pudieron tener algunas demostraciones en las últimas dos semanas, con la consecuente represión de la policía, será necesario hurgar en el trasfondo de éstas, las cuales involucraron a miles de personas en toda Grecia.

La denominada generación de los 600 euros se decidió a protestar, afirma el redactor del diario de izquierda Avgi, Nikos Filis, quien denunció que a los universitarios, tras años de difíciles estudios y preparación, les espera un futuro sombrío.

Muchos de los graduados con excelentes calificaciones sólo pueden optar por puestos laborales a tiempo parcial, comenta Filis.

El desempleo aquí entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad es uno de los más altos de la Unión Europea (UE), en tanto los trabajos para esas personas son mal remunerados y conocidos como empleos basura.

Además, los estudiantes de la enseñanza superior viven en un clima de tensión con el gobierno del primer ministro Costas Karamanlis, ante su propósito de autorizar la privatización de las universidades, una veintena de ellas clausurada tras estallar las protestas.

La clase media helénica vive en una profunda frustración y, precisamente, son los hijos de esas personas quienes más participan en las demostraciones, ante un gabinete conservador que cuenta con menos del 50 por ciento de respaldo a su gestión.

El ejecutivo de Karamanlis, cuyo partido Nueva Democracia se alterna en las últimas décadas en el poder con el Movimiento Socialista Panahelénico (PASOK), se vio lastrado por continuos escándalos de corrupción.

Así, el ejemplo más reciente fue el del ministro de Estado Theodoros Ronssopoulos, quien debió renunciar al conocerse sus contactos con los monjes del Monte Athos para la compraventa fraudulenta de terrenos en la península de Chalkidiki.

Con anterioridad, abandonaron sus puestos los titulares griegos de Asuntos Sociales, Vasilios Marginas, y de Navegación, Georgios Voulgarakis, mientras un íntimo amigo de Karamanlis hizo pública su intención de suicidarse al ser chantajeado con un video sexual.

Todo ello, unido al estancamiento del sistema bipartidista helénico, establecido desde la caída del régimen militar en 1974, llevó a un distanciamiento casi infranqueable entre la cúpula gobernante y la ciudadanía, comenta el escritor Petros Markaris.

Aunque los políticos se alternen, la corrupción continúa, en tanto la diferencia entre los partidos se hace cada vez más imperceptible, considera el novelista helénico, citado por la prensa ateniense.

Estamos al borde del colapso, estima por su lado el rotativo Kathimerm, en referencia a los subsidios millonarios que recibe Grecia de la UE, lo cual podría poner al país en una situación muy riesgosa ante el avance de los efectos de la crisis global en Europa.

La frustración por los estragos de la crisis financiera y económica en el orbe incidió en que las protestas generadas en Grecia por la muerte de Grigoropoulos, hijo de una familia adinerada en Atenas, se propagaran por toda la región.

Roma, París, Londres, Ámsterdam, Barcelona, Madrid, Berlín, Hamburgo, Zagreb, Edimburgo, Florencia, Berna, Bratislava, La Haya, Dublín, Bruselas y otras ciudades europeas fueron escenario de protestas de solidaridad con la muerte del adolescente.

Pero las manifestaciones también tuvieron un carácter antigubernamental ante una población europea frustrada por los embates de la crisis internacional y las consecuencias de la aplicación en los últimos años de un modelo de marcado corte neoliberal.

Muchos de los jóvenes que participaron en las demostraciones son estudiantes ya formados, parte de ellos carente de empleos e inconforme con la política social y económica aplicada por sus gobiernos.

Para el periódico helénico Eleftherotypia, además de resolver el problema de la violencia en las demostraciones antigubernamentales, las más fuertes en una década, será necesario reflexionar después sobre como proceder con los intereses de los jóvenes.

Con 20 por ciento de la población en la pobreza, impopulares reformas impositivas, marchas sindicales contra las privatizaciones, la reforma de pensiones y el coste de la vida, la protesta estudiantil aparece como la punta del iceberg del descontento popular griego.

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