Trump o Biden, el ganador será Wall Street

 

Hoy, 5 de noviembre, como en Estados Unidos, también amanecemos sin saber quién ha ganado las elecciones estadounidenses. Tendremos que esperar, según nos dicen los especialistas, hasta el viernes que viene o quizá más tarde aún. Esto ocurre en Estados Unidos, primera potencia mundial. ¿Qué no diríamos si esto se produjera en una de las tantas repúblicas bananeras esparcidas por el mundo? Sea lo que sea, Trump, ese magnate del inmobiliario y estrella de la telerrealidad, ya anunció que había ganado las elecciones y que recurriría al tribunal supremo para congelar el recuento de los votos en los Estados que aún no han proclamado sus resultados, para evitar el fraude según él.

Esta mañana, a una de las preguntas que hacía Àngels Barceló a Javier del Pino, que se encontraba en Estados Unidos, éste contestaba lo siguiente: “Deberíamos hacer un examen de consciencia, nosotros como medios, como también las empresas de encuestas. Quizás tratamos con demasiada condescendencia a los votantes de Trump, a los votantes de Vox y a los votantes de antes del Brexit y pensamos que esos votantes son un problema. Y no son un problema, son un síntoma y no somos capaces de detectar esos síntomas. Por eso nos encontramos con que las cosas no salieron como todos pensábamos que iban a salir; tengo la sensación de que nosotros mismos somos creadores de falsas noticias, sin mala intención en este caso, pero son percepciones que acabamos creyéndonos y que en realidad son percepciones falsas.”

Pienso que no necesita comentarios, aunque yo haría un añadido, que no solo acaban creyéndoselo, pero que también quieren que nosotros nos lo creamos y nos miran mal cuando no es el caso y lo ponemos en duda.

Durante cuatro años, Trump defendió a capa y espada los intereses de la clase capitalista. Bajó los impuestos a los más ricos, y so pretexto de proteccionismo, multiplicó los regalos a Tesla, Amazon y demás Google. Desde el comienzo del Covid, el Estado ha sido un verdadero Rey Mago para las firmas con “dificultades”, —entendamos por dificultades, ganar menos millones que el año anterior, pero seguir ganando. Wall Street volvió a recuperar colores mientras una parte de la población trabajadora se hundía en el paro y la pobreza, dependiendo exclusivamente de la ayuda alimentaria. A pesar de ser la primera potencia mundial, ya no solo a nivel económico sino también a nivel de la investigación médica, la esperanza de vida retrocede.

Esto dicho, si al fin y al cabo Biden, es declarado vencedor, las cosas no cambiarán para los y las trabajadoras del país, ni para todos aquellos en el mundo que sufren la dominación del imperialismo estadounidense. Biden, es un buen y leal servidor de los intereses de la burguesía, al servicio de la cual lleva ya obrando medio siglo; primero como senador y más tarde como vicepresidente de Obama. Biden será quizás menos grosero y estúpido que Trump, pero no cabe duda que seguirá defendiendo los más ricos en detrimento de los más pobres. Quizás sea por eso que las donaciones económicas para su campaña, por parte de los grandes capitalistas, hayan superado las obtenidas por la campaña de Trump.

Los Estados Unidos son un espejo de lo que es nuestro mundo. La crisis que sufre la clase trabajadora allí, también la sufre la de aquí. Los hedores obscurantistas, xenófobos y racistas, con su séquito de gratuita violencia reaccionaria, también aquí es el resultado de la desolación social en la que vivimos. Las colas en las puertas de las asociaciones para obtener productos básicos alimentarios, el incremento del paro, las ayudas que no llegan, los discontinuos despidos directos o indirectos, los discursos y promesas que no se concretizan, son factores que conducen a las situaciones no deseadas de las que hablaba Javier del Pino.

Quizás explique, en parte, el porqué la extrema derecha, alentada por esa nueva derecha “moderada” y “rupturista”, reivindica toda manifestación, sea violenta o no, bien sea obscurantista o negacionista, bien sea en defensa de los intereses de los ricos.

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