Víctor Batarseh. Alcalde palestino de la ciudad de Belén: «La cuna del cristianismo es hoy una gran prisión dentro del muro israelí»

Apenas unos puñados de turistas rondaban la víspera de Nochebuena los alrededores de la Basílica de la Natividad de Belén. El lugar donde la tradición señala el nacimiento de Jesús, el epicentro soñado por millones de cristianos en todo el mundo para pasar estas fechas, aguardaba impaciente y casi desierto la avalancha de gentes que estaba previsto que abarrotaran la villa el 24 y el 25

 

 

Son éstos los dos únicos días del año en que Belén se parece a la ciudad de peregrinos que fue antes de la Intifada. Y antes del muro. En las cercanas calles de la Estrella y de la Gruta de la Leche, -antaño efervescentes zocos de artesanías de madera de olivo, paraísos del rosario, de las cruces y del agua bendita de Tierra Santa-, las puertas cerradas de docenas de tiendas evocan hoy una ciudad fantasma. Sólo un par de negocios desafían la desesperación y la ruina.

 

Como Peter Canavati, que dice que este 2008 se ha negado por primera vez a decorar el escaparate: Israel no ha dado el preceptivo permiso a su familia siquiera para salir a respirar a cinco kilómetros de allí, a Jerusalén. Y la humillación le ha quitado las ganas.

 

Desde su privilegiada ventana sobre la Plaza del Pesebre y la Natividad, el alcalde de Belén, Victor Batarseh, domina el panorama triste de una ciudad que sufre.

 

«Entre los asentamientos, la confiscación de tierras, las carreteras para israelíes… en realidad vivimos en una cárcel. El lugar del nacimiento de Jesús se ha convertido en una gran prisión dentro de este muro», reflexiona, apesadumbrado, en una entrevista con ABC. En la que lamenta que «las conversaciones bilaterales no han llegado a nada, e Israel nos arrebata cada día más tierra; si siguen así –vaticina amargo-, nos van a dejar sin ella para establecer un Estado palestino». No hay noches de paz en este Belén, por lo que narra el primer edil. Ni tampoco demasiados motivos para alegrarse, aunque sea Navidad.

 

Impacta ver el centro prácticamente vacío, a pesar de que la situación de seguridad ha mejorado, parece que no se refleja en una mayor peregrinación.

 

-En realidad, la peregrinación ha sido buena este año, habida cuenta que en 2006 fue casi inexistente. Hemos registrado 1.250.000 visitas, y teníamos previstas 30.000 más entre el 24 y el 25. No hay una sola cama libre, pero son sólo dos días. El paro en el sector turístico ha bajado, pero en el cómputo total, en 2004 teníamos un 15 por ciento de desempleo y hoy llega al 20 por 100. Es el resultado de la ocupación: por las noches, las fuerzas israelíes vienen a Belén, detienen a nuestros jóvenes, a veces con disparos, y ahora ya no nos dan permiso para ir a trabajar a Jerusalén. No podemos ni ir a cosechar nuestros olivos, que están al otro lado del muro.

 

-¿Hay, digamos, un muro para extranjeros y otro muro para los locales?

 

-El muro socava la libertad de todos. Para los turistas, gracias a los reclamos de la Iglesia, atravesarlo para entrar en Belén hoy es fácil. Lo difícil es irse: cuando un grupo duerme aquí, les hacen esperar horas en los controles de salida, y así las agencias terminan llevando las excursiones a los hoteles de Israel. Israel se beneficia del peregrinaje cristiano, no nosotros. Para los palestinos… yo mismo, siendo alcalde, necesito un permiso especial. Lo he tenido que pedir como director adjunto de la Compañía Eléctrica de Jerusalén y al cruzar el control tengo que quitarme los zapatos, el cinturón, la chaqueta… Nada cambia.

 

 

-En mayo recibirán al Papa. ¿Tiene ya un mensaje preparado?

 

-Yo al Papa ya le entregué un mensaje hace cuatro años en el Vaticano. Cuando tomé posesión como alcalde le entregué una carta de cinco páginas explicándole la situación de los cristianos aquí, bajo la ocupación… cercados. Ahora esperamos rezar juntos en la plaza, y que traiga algo bueno para Belén.

 

¿Se refiere a que los cristianos huyen de Belén acosados por la mayoría musulmana?

 

-Belén es un ejemplo de coexistencia. El 90 por 100 de la gente que verá fuera celebrando la Navidad es musulmana, y en Ramadán se sirve alcohol en los bares. El problema no es la religión, es la ocupación. En esta ciudad los cristianos son un 40 por ciento, pero en toda Palestina representan sólo un 1,5 por 100. Si se están marchando es por la mala situación económica, como todos. Si no hubiera ocupación, regresarían.

 

-Y si no hubiera un conflicto fraticida interno, entre Hamás y Fatah.

 

-En Belén no funciona. Tenemos cinco miembros de Hamás en el Ayuntamiento, pero impera un especial carácter cristiano que nadie va a cambiar. En Palestina, Mahmud Abbás va a permanecer en su puesto hasta que haya elecciones presidenciales, junto con legislativas y municipales, algo que Hamás no quiere por miedo: saben que en Gaza muchos no respaldan lo que han hecho. Pero debemos ir a las urnas, no a las balas.

 

Víctor Batarseh, en Gijón abril de 2006 para firmar un acuerdo de amistad, tras cruzar 3.600 kilómetros,  conoció otro muro muy diferente

 

PROTOCOLO DE AMISTAD Y COLABORACIÓN ENTRE LAS CIUDADES DE GIJÓN Y BELÉN, 18 de abril de 2006

 

 

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