Wikileaks marca un nuevo hito del periodismo de investigación

Desde esta madrugada, Público ha comenzado a difundir revelaciones inéditas sobre el periodo 1973-76, que por supuesto incluye el fin del franquismo y el inicio de la democracia en España, procedentes de los documentos secretos en los que la diplomacia de Estados Unidos plasmó sus operaciones en todo el mundo. Eran los años del secretario de Estado Henry Kissinger (fin de la guerra de Vietnam, golpe contra Allende, guerra del Yom Kippur…) en el cénit de la Guerra Fría, y el contenido de esos cables muestra al desnudo las maniobras ocultas de la Casa Blanca, y de sus aliados, a favor de dictaduras como la de Pinochet o la de Franco.

Los Cables de Kissinger muestran, pues, los trapos sucios de una época crucial de la historia contemporánea y por tanto es un hito periodístico su difusión por los 18 medios de comunicación de un extremo a otro del planeta que contamos con la nueva exclusiva de Wikileaks, desde Australia (The Age) a México (La Jornada), pasando por Suecia (Independent), India (The Hindu), Líbano (Al Akhbar), Haití (Haïti Liberté), Italia (L’Espresso y La Repubblica), Argentina (Página 12), Bulgaria (Bivol), Egipto (Al Masry Al Youm), Brasil (Publica), Grecia (Ta Nea), Guatemala (Plaza Pública), EEUU (The Nation) y Reino Unido (AP).

Sin embargo, inmediatamente surgirán voces que alegarán que, esta vez, no se trata de una filtración cartesiana de Wikileaks, puesto que los 1,7 millones de documentos diplomáticos analizados exhaustivamente por todos esos medios estaban, estrictamente hablando, a disposición del que los quisiera consultar en la Universidad George Washington porque han ido siendo desclasificados por los National Security Archives a lo largo de los años (a partir de 2006, cuando abrieron al escrutinio público 320.000 documentos de 1973 y 1974).

Eso es totalmente correcto, pues el Acta de Libertad de Información (FOIA) de Estados Unidos prevé una gran transparencia de la Administración pública norteamericana (mientras en España seguimos debatiendo el tema pese a los enormes escándalos de corrupción ocurridos al amparo de la opacidad y el silencio administrativo de nuestras instituciones) y establece el derecho de los ciudadanos a obtener incluso los documentos secretos que afectan a la seguridad nacional cuando han pasado los años suficientes como para que el Gobierno no pueda alegar que su conocimiento puede poner en peligro al país. Así que cada 25 años el Gobierno federal revisa los materiales clasificados como “secretos” y hace que estén al alcance de instituciones, académicos, historiadores, periodistas… salvo que el Ejecutivo pueda demostrar que siguen siendo sensibles para la seguridad nacional.

Ahora bien, pese a las disposiciones del FOIA, algunos de esos documentos vuelven a ser clasificados y escondidos (se ha descubierto a Washington haciendo trampas con los que tienen relación con el armamento nuclear), y el resto se hacen públicos mediante un sistema arcaico que en la práctica dificulta enormemente su estudio: son facsímiles de los documentos originales, en PDF individuales, que sólo se pueden buscar con una única palabra clave. Su búsqueda suele ofrecer miles de resultados, lo que obliga a descargar millares de PDFs y a revisarlos luego uno por uno.

No cabe duda de que las autoridades de EEUU saben que eso limita enormemente cualquier investigación de los documentos secretos desclasificados (prueben ustedes a revisar 1.700.000 PDF, de numerosos folios cada uno, por ese método), pero ése es el único acceso disponible… hasta hoy, cuando Wikileaks pone a disposición de todo el mundo un magnífico buscador booleano mejor que las más avanzadas search engines (tipo Google) y capaz de relacionar decenas de operadores simultáneamente, gracias a que la organización fundada por Julian Assange (hoy asilado en la embajada de Ecuador en Londres ante la persecución que sufre por parte de EEUU y de otras potencias) ha descargado la totalidad de los documentos y los ha indexado trabajosamente para que cualquiera pueda encontrar los secretos que guardan.

La exclusiva de los 18 medios asociados en todo el mundo consiste en haber tenido acceso a esa espléndida search engine durante semanas, y haber podido dedicar a periodistas experimentados a la investigación de los hechos que considerábamos de mayor relevancia para los lectores de cada uno de nuestros países.

Por supuesto, algunos de los elementos que aparecen en esos cables o telegramas de la diplomacia de EEUU, y unos pocos de esos documentos, han sido anteriormente descubiertos e identificados por ciertos investigadores y periodistas que han buceado en ese océano de material sin demasiada ayuda. Pero podemos asegurar (tras haber también repasado sus resultados anteriores) que más del 90% de las revelaciones que los lectores de Público descubrirán hoy y en los próximos días no han sido jamás publicadas… ni siquiera en excelentes obras de historia de la Transición española como El amigo americano de Charles Powell, que se zambulló en las bibliotecas presidenciales de varios inquilinos de la Casa Blanca y trató de navegar en solitario por los siete mares de los documentos desclasificados por los National Security Archives.

Hoy, Público presenta el resultado de un arduo trabajo de investigación periodística que Wikileaks nos ha facilitado enormemente y de cuyos resultados estamos seguros que se beneficiarán todos los que estén interesados en los secretos de nuestra historia reciente.

Público.es

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